Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 02:53 am
La más reciente
movilización que vive Venezuela ha despertado la esperanza de millones de
trabajadores que desean que sus sueldos y condiciones socioeconómicas mejoren y
puedan salir de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran.
El deterioro del salario
y de las condiciones socioeconómicas ha estado dependiendo del vaivén de
muestra moneda sometida a un proceso de hiperinflación de los más grandes del
mundo. De manera que en virtud de esta situación, el salario en bolívares es
ridículo en comparación con los costos de todos los aspectos de la vida que
están dolarizados.
En el caso de los maestros, nobles servidores públicos, por mucho tiempo abandonados de toda protección oficial, mantiene al sistema educativo al borde del colapso y, con él, toda posibilidad de cumplir las más básicas metas que el Estado le ha fijado al sector. No es un exceso indicar que el “Estado Docente” en Venezuela es un completo fracaso y que los valores fundamentales de la república que se necesitan enseñar a los ciudadanos, le interesan a muy pocos.
La valentía y determinación de este liderazgo sindical y gremial que ha movilizados sus bases es muy importante de cara a la necesidad de colocar también en el primer plano de la discusión nacional un tema tan relevante y postergado como el del hecho educativo.
Es precisamente por su importancia, por el papel estratégico que juegan en el proceso de construcción de la ciudadanía, que los dirigentes sindicales y gremiales están en el deber de relegitimar sus posiciones para avanzar con más determinación y más fuerzas.
Que existan sindicatos y gremios con más de 20 años, en unos casos y en otros con casi 10 años, sin realizar elecciones internas para refrescar sus liderazgos les resta poder de convocatoria.
También le resta fuerza a este tipo de movilizaciones laborales, los intentos de instrumentalización partidistas que en algunos lugares se han dado. Asociarse a estos sectores puede terminar en un cambio de agendas en la que la reivindicativa queda subordinada a una agenda política que los maestros no conocen ni pueden controlar.
Sin embargo, la consolidación de este sólido frente social que está en las calles exigiendo sus derechos, debe acompañarse de las estructuras federativas nacionales correspondientes. Son éstas las que pueden acordar, además de la estrategia nacional de movilización, el esquema del proceso negociador. Los manifestantes se cansarán de salir todos los días a protestar si, al mismo tiempo, no opera una instancia de negociación que permita, en el proceso, alcanzar metas parciales.
Sobre todos estos temas ya hay abundante experiencia acumulada. Lo que no se puede hacer es cometer errores como si todo estuviera iniciándose ahora. Por lo menos, la experiencia ayuda a no repetir los errores de siempre.