Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 05:11 am
Prensa OVV
Mérida
En este primer
semestre de 2022, los delitos que tienen su origen en la violencia sexual
representaron una cuarta parte -más concretamente el 25,5%- de todos los delitos
de distinta índole registrados en el estado Mérida.
Visto así, los
números que ya de por sí llaman a la preocupación, cobran una mayor urgencia
cuando se comprueba que esas manifestaciones de la violencia sexual vienen
escalando de forma sostenida en los años recientes.
En función de lo
anterior, vale indicar que para los primeros seis meses del año 2019 la
importancia relativa porcentual de los delitos sexuales (sobre el total de
delitos de violencia interpersonal, conocidos para ese semestre) fue solamente
del 3,9 %. Luego subió al 8,3% en el 2020 y ascendió a 15,9% en 2021. Por
cierto, en esos mismos años 2019, 2020 y 2021 estos delitos terminaron
totalizando 6,3%, 10,6% y 14,2%, respectivamente, lo que pareciera indicar que
el actual 25,5% -en este primer semestre de 2022- apunta en dirección a superar
la sumatoria porcentual anual de los años precedentes.
El equipo de
investigación del Observatorio Venezolano de Violencia en Mérida (OVV Mérida),
responsable de efectuar la medición con base en los distintos órganos
regionales de prensa -monitoreo que permite contar con los anteriores números-
subraya que los delitos relacionados con el tipo de violencia sexual “siguen
copando las noticias”. Para esta organización, es posible que pese a lo preocupante
de las evidencias del incremento “estemos conociendo sólo la punta de un enorme
iceberg“.
El OVV Mérida
advierte que todos los números presentados se refieren solo a aquellos casos
que logran ser conocidos por la sociedad a través de los medios de comunicación,
“lo que lleva a decir que es muy probable que en la realidad acontezcan muchos
más, solo que, por diferentes motivos, no son denunciados a las autoridades
competentes o no salen reseñados en los medios”.
Detrás de los porcentajes
Para precisar,
al menos de forma esencial, lo que significa y comprende la violencia sexual
como concepto, puede señalarse que esta, como mínimo, incluye “la violación y
el intento de violación, el abuso y la explotación. Este tipo de violencia se
define como todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto, los comentarios
o insinuaciones no deseados, o las acciones para comercializar con la
sexualidad de una persona mediante coacción, amenazas de daño o uso de la
fuerza física por otra persona, independientemente de la relación de esta con
la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo”.
La anterior
caracterización de la violencia sexual se recoge en el documento Directrices
para la integración de las intervenciones contra la violencia de género en la
acción humanitaria, que elaboró en 2015 el Comité Permanente entre Organismos
(IASC por sus siglas en inglés). Es este el tipo de violencia que viene
ascendiendo en la entidad merideña, al menos en lo que recoge la expresión
informativa de los medios de comunicación y que el OVV Mérida contabiliza de
forma sistemática.
Al precisar las
cifras concretas de lo que hay detrás de los porcentajes de aumento, los
investigadores del OVV Mérida indican que en el lapso enero-junio de 2022, se
ha logrado identificar “un total de 27 delitos relacionados con el tipo de
violencia en cuestión”, los cuales representan el 25,5% ya indicado del total
de delitos de violencia interpersonal registrados hasta el último día de junio.
“De ese total de
27 delitos de tipo sexual, resultaron afectadas 30 víctimas donde en 79,3% de
los casos se trató de personas del sexo femenino. La mayoría de los casos (19
en total) fueron violaciones sexuales”, explica la revisión del OVV Mérida.
Pero tal vez uno
de los aspectos más reveladores y a su vez inquietantes, surgidos del monitoreo
de prensa, es el que se refiere a la variable edad de las víctimas de los
delitos sexuales: “Según la edad -precisan los investigadores- con base en 25
hechos donde se logró conocer esta variable, en 96% de estos las víctimas
fueron niños, niñas y adolescentes (NNA), tendencia similar a la de años
anteriores”.
Otro dato detrás
de los porcentajes, es que los medios reseñaron un total de 35 victimarios
involucrados en los 27 hechos indicados. Un aspecto esperanzador, en medio del
drama de este tipo de violencia, es que en 26 de los 27 delitos hubo detenidos.
Aparte, el
monitoreo indica que sólo en 16 casos (de 27) se logró conocer el vínculo de
los agresores con las víctimas, pero aun así “se obtuvo que continúa la
tendencia a que la mayoría son familiares o conocidos (81,3% sobre el total de
esos 16 casos conocidos), principalmente padres/padrastros u otro pariente
consanguíneo. Le siguen vecinos, parejas o ex parejas u otros trasgresores
conocidos”, especifica el documento.
También revela
el informe investigativo que en los casos conocidos, el tipo de arma más usada
para la consumación de estos delitos sigue siendo principalmente la fuerza
física, es decir: en el 92% de los 25 sucesos donde se obtuvo esta información,
mientras que en lo que respecta a las motivaciones de los delitos, en 26 hechos
donde se conoció esta información, giraron en torno al género (69,2%) y
trastornos mentales (30,8%).
Alerta de pedofilia
Dado que según
el monitoreo de prensa que aplicó el OVV Mérida, durante este primer semestre
de 2022, el 96% de las víctimas de estos delitos son NNA, es sobre este sector
de la población donde los investigadores estiman que se deben esmerar las
acciones que prevengan, frenen o eviten la tendencia al alza de este tipo de
violencia.
Un punto de
partida para abrirle la puerta a los delitos de este tipo, es el exceso de
confianza que padres, madres y representantes suelen poner sobre los cuidadores
de sus hijos o hijas. “Quizás, en muchos de estos casos, debido a la plena
confianza depositada por las madres, padres o por ambos hacia los cuidadores,
no existe ningún tipo de supervisión de parte de estos hacia el adulto que está
atendiendo a los NNA”, subrayan los investigadores que en todos los casos “estas
situaciones pueden incrementar la vulnerabilidad y exposición de los NNA”.
En otros casos,
los niños y niñas, son dejados en algunas oportunidades bajo el cuidado de
adolescentes, escenario que también los puede hacer vulnerables frente a la
aparición de un tercero (familiar o conocido) que quiera perpetrar algún tipo
de delito en contra de NNA.
El equipo del
OVV Mérida recomienda que, también, hay que tener cuidado con la posible
existencia de individuos -familiares o conocidos- que muestren comportamientos
que hagan pensar en la existencia de un trastorno mental por consumo de
sustancias (alcohol y/o drogas), trastornos de conducta o de tipo sexual.
Dentro de estos últimos se encuentra la pedofilia, que se trata de un trastorno
del comportamiento sexual de un adulto, en el cual este experimenta atracción
sexual por los niños y niñas. Si estas personas consuman un delito de
naturaleza sexual contra un niño o niña, se les denomina pederasta. No
obstante, no toda persona que padezca de pedofilia comete pederastia. En otras
palabras, todos los pederastas son pedófilos pero no todos los pedófilos son
pederastas.
No bajar la guardia
Tal vez lo más
peligroso de un pedófilo es que no posee unos rasgos que sirvan para advertir
su presencia en el entorno infantil. Pese a esta limitación, los psicólogos
indican que es importante tener en cuenta algunos aspectos para presumir el
acecho de un potencial adulto pedófilo:
1. Se inclina
por permanecer a solas con uno o varios niños.
2. Se interesa
mucho por jugar con niños y niñas, incluso desconocidos, con estrategias para
ganar confianza.
3. Suele usar la
persuasión y la incitación para involucrar a niños y niñas en acciones adultas.
4. Ante la falta
de presencia de los padres o ante las carencias afectivas de los infantes, el
pedófilo busca llenar vacíos emocionales con regalos, caricias, halagos o
acompañándolos en momentos de soledad.
5. Suele
expresar muestras exageradas de cariño o de afecto en forma injustificada e inoportuna
hacia un niño o niña.
Ante este panorama,
el OVV Mérida viene alertando en los últimos años, que los delitos de violencia
sexual han mostrado cifras importantes y un aparente incremento en la entidad,
tendencias que, al parecer, no son exclusivas de Mérida, sino que han sido
detectadas en otras entidades de Venezuela por otros equipos de investigación
donde el OVV cuenta con sedes regionales (en Aragua, Guárico, Lara, Monagas,
Distrito Capital, entre otros). Dado que las víctimas son principalmente NNA,
es urgente que padres, madres y representantes tengan sumo cuidado con quien
dejan a sus hijos e hijas y esmeren la vigilancia sobre aquellos adultos y
adultos mayores que se vinculan de diferentes maneras con los NNA en el seno de
las familias, en las comunidades y/o en las instituciones educativas,
deportivas o, incluso, religiosas.