Mérida, Junio Sábado 06, 2026, 01:37 am
RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
SAN CRISTÓBAL (Enviado Especial).- El último
toro de la función taurina de apertura de la edición ferial de este año trajo
la polémica al festejo. Saldría de toriles con la alegría y hechuras propias de
los toros que embisten, limitados de fuerzas pero con una nobleza casi rayando
en la mansedumbre. De capote “El Pino” le endilgó un breve saludo por verónicas
desmayadas en el tercio de matadores, para luego pasarlo en el caballo con el mínimo
cuidado, un puyazo contrario que solo le hizo sangría para una muestra
hematológica.
Ya en la muleta, la alegría y
recorrido del animal supo ser visto y entendido por un torero que venía de un
largo parón, casi en el retiro, donde por algunos momentos la inactividad
pasaba factura. Pero podía más la ilusión y las ganas de ya haberse hecho el
triunfador de la singular jornada de estreno ferial. Por alto le alivió para
luego por la derecha gustarse y reposarse por momento el torero del patio.
Mejor se le vio en la breve tanda por naturales, siempre llevándole a media
altura, templándole, sin brusquedades, ante las limitadas fuerzas del bello
castaño, un “zapatico”, por algo le
dejarían como el premio al más destacado, luego de lidiados los
correspondientes y en suerte de cada uno de los alternantes.
La faena tomó ribetes
triunfalistas cuando toma se vería la versión a la galería. Las manoletinas,
los molinetes, los aliviados por alto, calaron en los ánimos de los presentes
hasta desatarse la pañolada pidiendo un indulto que no procedía. Pero el torero
seguía y seguía en su insistencia, sabedor que el que persevera vence, además
de conocerse que con la espada nunca ha sido su fuerte Marcos. Al final fue
tanta la insistencia, que al debutante palco presidencial le peso el compromiso
de ver la plaza bajo asedio del premio al toro -que para faenas y actitudes así
están los recados presidenciales-, mientras gran parte del cotarro exultante al
compás del pasodoble Feria de Manizales agitaba pañuelo y presionaba el
ambiente. Al final, no quedo otra que asomarse el pañuelo naranja con cierto
desconcierto, y con ello el generoso indulto al toro y las dos orejas simbólicas
al torero, quien de esta manera se llevaba a su esportón tres orejas, cuando muchos
en gran parte ya le daban por ido a “El Pino”. Tres orejas que le vienen y le
sirven moralmente.
Previamente había lidiado “El
Pino” el que abrió plaza, el más serio y
descarado del lote de los herederos de Campolargo, el cual tuvo la virtud de la
nobleza tontona, pero el defecto de su poca humillación y entrega. A ellos se sobrepuso
el torero a base de insistirle en la media y corta distancia, en labor
intermitente en especial por la zurda, donde lució más compacto su trasteo,
llevándole tapadita la cara para que no se desentendiera de la muleta. El
espadazo efectivo, contrario y delantero que no vieron desde el palco, además
del certero puntillazo de Eliecer Paredes llevó a sus manos la única oreja que
se cortaría en la función. Obviamente las del indulto fueron simbólicas.
Embarullado resulto el recibo
capotero de Vanegas ante el segundo, el cual incluso le obligo a tomar el olivo
tras apretarle en tablas. Picado al relance medido, en banderillas tomaría el
propio Vanegas las banderillas clavando desigual en colocación y ejecución,
entendible también para quien tenía un buen tiempo apartado de los ruedos. Ya
con la con la muleta se doblaría de inicio por ambos pitones, para luego por la
diestra en las primeras dos series gustarse el torero de Seboruco,
despatarrado, por momentos dejando pinceladas de buen trazo, lo mejor hasta el
momento de la función. Por la izquierda no sería lo mismo, a tal punto de ni
siquiera intentarlo pues se vería desbordado ante lo complicado que se lo puso «Heredero». Con la espada lo que
posiblemente era de premio se esfumó, tras el espadazo contrario y los tres
descabellos que hubo de necesitar para despacharle.
El menos potable de los
Campolargo fue el tercero, el más deslucido que solo dejaría en el sabroso toreo
por verónicas, lo único destacable, pues luego a pesar de haber sido lidiado
con pulcritud, tanto en varas como en banderillas, en la muleta totalmente
desentendido de las telas se tornó. Suelto, siempre en la querencia, no quiso
nunca pelea, ni en los medios ni en otro sitio, lo que hizo del empeño de
Alexander Guillén anodino e intrascendente a los presentes. Con la espada no le
vio nunca claro Guillén, lo que derivaría en un sainete hasta escuchar los tres
avisos en una lidia que duraría una eternidad.
De este modo Marcos Peña “El
Pino” salía en volandas de los presentes. Un triunfo que rompió quinielas y de
la que la mejor parte fue evidenciar los bríos y ambición de un torero que aún
puede decir algo en esto, con veinte años de alternativa.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza de Toros Monumental
“Hugo Domingo Molina” de San Cristóbal.
Jueves 27 de enero de 2022.
I corrida de la LVII Feria de San Sebastián.
Con poco menos de un cuarto
de plaza (aproximadamente 3 mil personas) en noche fresca y despejada, se han
lidiado dos toros de CAMPOLARGO (1º
y 3º) y RANCHO ALEGRE (2º y 4º), en
su conjunto correctos de presentación, nobles en distinto grados, a menos en la
muleta, destacando del envío los corridos en 1º y 4º. Indultado el corrido en
4º lugar de nombre «Lusitano» N° 218 de 435, castaño claro.
Pesos: 530, 440, 470 y 435
MARCOS PEÑA “EL PINO” (Nazareno y oro con cabos blancos) Oreja y dos orejas
simbólicas
CÉSAR VANEGAS (Luto y oro con cabos blancos) Palmas
ALEXANDER GUILLÉN (Blanco y plata) Silencio tras toro al corral luego de tres avisos
INCIDENCIAS: Destacaron en banderillas Francisco “Chico”, Carlos Pizzuto y Ramón
Contreras y en varas Alfredo Guimerá ante el 3º. *** Debutó en la presidencia
Reinaldo Manjarrez.